La escopeta de Kim Schmitz no solo apuntaba a los policías que entraron en su mansión para detenerlo. El fundador de Megaupload también tenía en el punto de mira a Hollywood, que presionó para acelerar su caída

Atrincherado con una recortada
Atrincherado con una recortada
Por: ABC España

Fueron dos helicópteros cargados de hombres armados. Como si fueran a arrestar al mismísimo Bin Laden. Las aspas aún no se habían detenido cuando las botas de tres docenas de policías ya hollaban el mármol de la entrada de la mansión. Uno de ellos se volvió hacia una amenazante figura oscura, pero era tan sólo una carísima estatua de un Predator a tamaño natural.

Para cuando alcanzaron jadeantes el piso de arriba, Kim Schmitz había logrado encerrarse dentro de su habitación del pánico. Tuvieron que destrozar la pared con una barra de acero para acceder al interior, donde Schmitz sostenía una escopeta de cañones recortados, «con la frente empapada en sudor y una mueca de desdén en el rostro», declaró el agente que le esposó.

No hubo necesidad de apuntarle, porque Schmitz se rindió pacíficamente. Pero cuando los policías supieron después que Schmitz era uno de los mejores jugadores del mundo de Call of Duty —un videojuego de guerra en primera persona— se preguntaron ante las cámaras de la ABC de Brisbane qué hubiera pasado si hubiese decidido usar el arma que tenía en la mano, mil veces probada en el campo de tiro que tenía en un lugar apartado de la mansión.

Esta es, en definitiva, una historia de decisiones. Las correctas y las incorrectas. Y cómo su concatenación configura la vida de un hombre cuya mente es tan poderosa como una recortada.

Han pasado diez días desde su arresto, y las extravagantes imágenes que dieron la vuelta al mundo han dado paso a la reflexión. Los coches, las modelos caras y los yates se difuminan de las retinas, pero la polémica permanece. Kim Schmitz ideó, creó y fundó el servicio de intercambio de archivos más popular del mundo. En tan sólo seis años logró beneficios millonarios, puso en jaque a productoras y discográficas y definió un modelo de negocio —el del streaming y la descarga directa— que compañías como Apple y Amazon se han esforzado en imitar.

El ecosistema era perfecto para todos menos para Hollywood, que veía como una película estrenada al mediodía en Nueva York podía estar subida a Megaupload antes incluso de que diese tiempo a abrir los cines en Los Ángeles. O para compañías como Universal, que veía cómo el último disco de U2 podía descargarse en minuto y medio con una conexión de alta velocidad. «¡Y encima este gordo hijo de puta hace fiestas con mi puta estrella!», dicen que gritó Ronald Meyer, CEO de Universal Studios, cuando vio una foto de Schmitz con el actor Bruce Willis en 2010. Dio un puñetazo en la mesa y destrozó a golpes el iPad de su asistente, en donde se le había mostrado la instantánea.

Llegamos por fin al momento de la verdad, al instante en el que los focos empezaron a calentar demasiado y el FBI decidió procesar a Schmitz por conspiración, violación de los derechos de autor y blanqueo de dinero. ¿Qué justifica una operación internacional, que ha llevado meses montar y un elevado coste económico y político? ¿Por qué Schmitz, y no el candidato republicano Romney, conocido por poseer cuentas en paraísos fiscales? ¿Qué diferencia hay entre Megaupload y Fileserve, otra alternativa de éxito mundial, que añade además el recochineo de pagar dinero en efectivo a los uploaders que consigan mayor número de descargas?

La respuesta puede estar en el proyecto definitivo de Schmitz. Había ideado un sistema denominado Megabox, consistente en una página donde los artistas podrían subir sus contenidos y venderlos, obteniendo un 90% de los ingresos netos. Esto es un 20% más de lo que ofrecen compañías como Apple y Amazon, y nueve veces más de lo que ofrece la industria. Era la pinza perfecta, el puenteo definitivo a las discográficas. El servicio online que muchos usuarios reclaman y que aún nadie se ha atrevido a crear, temiendo que aniquile la inestable —y aún provechosa— cadena de valor actual, herida de muerte por la piratería y la insistencia del sector en mantener precios elevados.

¿Es una coincidencia que se haya detenido a Schmitz e intervenido su empresa meses antes de lanzar Megabox? Tal vez, pero uno ya se va haciendo mayor para creer en casualidades. Igual que el niño hacker que creció para sostener en sus manos un arma, apuntada a la cabeza de toda la industria, mientras el FBI derribaba las paredes.

1 Response » to “Como y Porqué atraparon a Kim Dotcom, Megaupload.com CEO and Owner”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La escopeta de Kim Schmitz no solo apuntaba a los policías que entraron en su mansión para detenerlo. El fundador de Megaupload también tenía en el punto de mira a Hollywood, que presionó para acelerar su caída Atrinche……

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